Los hombres que amaban a otros hombres

Hartazgo

He vuelto a los rincones turbios de la soledad marchita.
A las incontables horas que como piedras
crepitan desde el calendario.
He vuelto a llamar a las puertas de desconocidos
y a dormir en colchones manchados de lujuria y de llanto.
He vuelto a las atiborradas plazas donde como palomas
la gente mendiga amor a migajas.
He vuelto a las noches sórdidas,
de cuerpos sudorosos, y almas abandonadas.
He vuelto al pasado, que creía olvidado.

Pero no os confundáis, no.
En mi regreso no hay solo derrota,
si no también, hartazgo.

He vuelto harto de los nombres que esconden otros nombres.
Harto de recostarme a árboles que no dan sombra.
De morder frutas que solo tienen cáscara.
Harto de los cobardes.

He vuelto harto de apretar manos como garras.
De besar lenguas como lijas.
De acariciar pechos como corazas.
Y harto,
tan jodidamente harto,
de amar tristes corazones,
que la vida ha macerado,
en rancio vinagre.

Lo que le explicaría a mi madre

He sido un buen hombre?

Nadie, jamás, ha cuidado de mí.
He tenido siempre que despertarme muy temprano.
Dejar atrás la inocencia sin saber aún andar,
para darme de frente y sólo contra el mundo.

He limpiado tanto tiempo donde otros manchaban.
He comido tantas veces donde otros escupían.
He callado tantas cosas donde otros blasfemaban.

Y al final, todo lo que tengo,
he tenido que hacerlo por mí mismo.
No he heredado más que esta tristeza,
que este dolor de saber de dónde vengo,
este estigma imborrable en mis manos.

He sido un buen hombre!

Y a pesar de eso.
He tenido que enfrentarme a tu desprecio.
He tenido que tragarme tu silencio.
He tenido que asumir tu indiferencia.
He tenido que entender que no me quieres.

Simplemente, porque amo a otro hombre.

Serafín Esdras

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