En un hipnótico ataurique / Lo inefable / Presoners del destí

En un hipnótico ataurique

En un hipnótico ataurique,
laberinto sin principio ni final,
mora el etéreo mortal,
vago siervo de su caduca eternidad.

Esclavo de una efímera existencia,
cautivo del deseo fugaz,
donde lo que urge no es lo que prima,
y el tiempo de rendir no es capaz.

Prisionero del delirio pasajero,
oprimido por una nimia realidad,
rendido a las fauces de la banalidad:
tal es del hombre su hado perecedero.

Execrable es el garabato
al que los humanos llaman vida,
impasible recua de lobatos
en la frivolidad sumida,
que desgarran sanguinarios
las crudas carnes de un niño,
inocente, puro, legendario,
del que sólo resta ruina en el mundo,
devorado por el gentío iracundo.

En pie doy el nombre de aquél que
del frenético arabesco dio la fuga,
virtuoso camino de su extinción,
ya penetra en la tierra su pulpa.
¡Cuán infame es la deshumanización!

La tierra ya no surte lo esencial,
de ella sólo brota la costumbre
propia de la mísera y superficial
vida de la vil muchedumbre.

Lo inefable

Sostengo,
tímido, mi lápiz,
como asoman sutiles
las flores de la consuelda,
rosadas, fulgentes,
como el sol del nuevo día,
cuya luz embiste el papel
y mi mano lo sombrea.

Pienso,
trazo, tacho,
no florecen las palabras,
y tal vez, quizá,
cuando la abeja deje de hacer miel,
cuando no riele la luna en el mar,
cuando no aletee el colibrí agitado,
o el viento no siembre el panadero,
teja las telas de la vela
y sea capaz de expresar
lo inefable.

Espero,
hasta entonces,
y entretanto, observo
el vaivén del jacarandá,
del que se desprende una flor
violeta como el cielo atardece,
y cae, como lo hace el día,
se arroja al ocaso, vuela, lo surca,
danza, revolotea elegante
en un eterno y solemne descenso,
que a ritmo de minueto,
con leve sutileza, llega a su fin;
y en ese instante, posándose,
el sol sucumbe tras la loma,
rocía un último halo de luz
y cala la noche, que consuma
fría mi contemplación.

Siento
que se amalgama mi alma,
y tal vez, quizá,
nunca quiera expresar
lo inefable.

Presoners del destí

Som presoners del destí,
com a titella ignorant,
de l’atzar que sempre existí,
d’un desenllaç culminant.

Som sageta sense rumb
per l’horitzó del dubte,
un destí ple de boirum,
potser un final abrupte.

Futur ple d’incerteses,
s’enarbora l’inquietud,
totes aquelles promeses
cauran a l’incertitud.

No sabem cap a on anem,
no sabem a què aspirem,
què ens depara la fortuna?
què ens presenta la ventura?

L’avenir és un misteri,
som totalment impotents,
com ninots en captiveri,
del destí som presoners.

Nabla & Delta

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