(Des)atada

Después de una vida de preguntas sin respuestas y misterios que nunca serán resueltos, decidí que era el momento de compartir con alguien mis dudas. Así que esperé a que un pequeño desvío en tu vida te trajera a la mía y, como si nada, apareciste.
Siempre fui el tipo de persona que creía en magia, mariposas en el estómago y en que sentir era sinónimo de darlo todo por alguien. Imaginaba mi vida junto a quién me había sacado todas las sonrisas y veía el éxito en el amor.
Así que cuando apareciste en mi vida, lo di todo. Quité todas mis murallas y dejé que me vieras, me entregué a tí sin mirar a nadie más y pensé que eso sería suficiente. Pero un día, no lo fue.
Yo quería volar junto a ti mientras tú creías en cortar mis alas. Fue aquí cuando alcé el vuelo y tu decidiste quedarte en el suelo. Fue aquí cuando me alejé hasta que descubrí que el mundo era más grande desde el cielo. Y es que, entre 7000 millones de nociones de amor, ¿cómo te vas a poner de acuerdo?
Nunca más volví a confiar en crecer atada a las creencias de otra persona. Me dí cuenta de lo que había pasado. Llevaba toda mi vida esperando a encontrar a alguien que completara mi puzzle y, lo único que estaba consiguiendo, era quedarme sin piezas por conseguir encajar en el de otra persona.
Desde ese día, dejé de respetar una sociedad que limita el amor por comodidad y seguridad. Aunque es verdad que todo lo que se gana en libertad, se pierde en conflictos, me niego a creer en un amor conformista por miedo a la expresión, al debate y a una opinión diferente.
Así que des del miedo a enseñar mis alas a quien no las viera como mi libertad, sino como su miedo, adopté una actitud observadora. Empecé a mirar a las personas de manera externa, a no mostrar tanto de mi y a no confiar en que se respetara mi concepción. ¿Alguna vez no habéis querido empezar el primer capítulo por no perder la idealización de un buen título? Así me sentía yo. Pero por este motivo, no hay que dejar de leer.
Poco a poco, empecé a fijarme en personas que me transmitieran intensidad, en supernovas. Masas con gravedad propia que consiguen que les orbiten. Me di cuenta de que quién me rodeaba, tenía llama propia, aunque nunca llamas iguales.
Algunas estaban casi apagadas y buscaban a alguien que les hiciera de chispa para revivir y luego dejarlas atrás. Pero hay fuegos que arden la vida con tantas ganas que si te acercas, te enciendes. Y me empecé a rodear de personas a quien, aun ahora, no puedo mirar sin parpadear.
Y qué bonita es la vida compartiendo mi calor.
Y qué triste es vivir en una sociedad que no cree en el amor libre.
Y si no es libre, ¿cómo va a ser amor?

Mareas

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