De dentro a fuera

Irrumpo en la sala, me dirijo a mi asiento, y durante esos segundos escruto a todos los presentes. Mientras, en mi cabeza, una sucesión de pensamientos fluye tratando de descifrar el enigma que esconde el anhelo de mi ser por estar en este lugar. Me siento como la vida en la muerte, rodeado de desconocidos que una vez fueron lo único que hubo. Ahora estoy estancado, cerrado al exterior, sumergido en una atmosfera de impedimento y desconcierto. Mas una voz en mi cabeza me dice: “sal de aquí, busca y sé quién eres en realidad”. Me pregunto qué será de mí, ¿cuál es mi propósito? No lo sé pero aquí sentado, ensimismado en la nada, mi incertidumbre solo aumentará sucumbiéndome en una ceguera sempiterna.

Súbitamente, cae el rayo y justo después suena el trueno, es en este instante cuando percibo que la coyuntura para salir de aquí ha llegado; me alzo como nunca y salgo de la ilusión que me encarcelaba. Solo con poner un pie en el exterior un aire reconfortante, un viento liberador y una brisa que me invita volver a empezar golpean todo mi ser en conjunto, así vislumbrando una alma tiempo atrás imperceptible. Imperdonable sería dejar pasar esta oportunidad, debo seguir nadando como el tiburón que muere si se detiene, tengo que izar las velas y aprovechar el empuje de aquí hasta donde sea capaz de timonear el navío de esta vida.

Me creía liberado de mis ataduras, listo para un nuevo comienzo, había hecho el primer paso, el segundo, el tercero…pero en el cuarto el suelo se ha desvanecido. Está oscuro y tengo miedo, estoy aterrado porque me he percatado de lo que nunca había sido capaz de concebir, dentro de mí repito una y otra vez: “estoy solo, estoy…solo”. Cegado, continúo hacia delante mientras palpo con desconcierto el vacío a mi alrededor y percibo la soledad en mi interior. Cavilo que tal vez haber salido de esa sala haya sido el mayor error que he cometido. Cada instante me cuesta más seguir mi dirección, la carga del miedo y el peso de la duda se hacen menos llevaderos y las velas, ahora mi único sustento, empiezan a rasgarse.

No sé dónde estoy, lo he perdido todo, no queda nada ni nadie por quien luchar. Sin embargo, sé que no he desaparecido, sé que todo lo que no distingo está en este mundo exterior esperando a ser revelado. Repentinamente, percibo una corriente gélida en el reverso de mi cuello proveniente del camino que tomé, de mi origen en este emplazamiento desconocido; una brisa que ahora me impele acelerándome hacia el vacío.

La incertidumbre me acomete una vez más, empero ese golpe de aire ha hecho que un atisbo de esperanza nazca en mí, pues a pesar de mi recelo, quién dice que esa sensación no sea producto de mi ignorancia. El flujo se intensifica, un escalofrío recorre mi cuerpo, me estremezco y la desconfianza toma poder de mis emociones. Apercibo que reiteradamente estoy regresando al inicio de esta historia, el dolor se repite y el reparo también. Así pues, decido por unos instantes soltar el bolígrafo, liberarme de las riendas que aún permanecen bajo mi control, dejar de escribir esta memoria y cuestionarme: “¿qué estoy haciendo?, ¿de verdad quiero huir cada vez que dudo o que vivo o voy a vivir algo nuevo e inesperado?” No. Me planteo qué sentido tendría si el barco no pudiera remontar el viento, si solo fuera a su favor no habría que actuar, solo dejarse llevar, bien pues: ¿valdría la pena vivir entonces?

Sin pensarlo más me doy la vuelta y decido hacer frente al viento que me acecha con más insistencia. De nuevo, me dirijo hacia el lugar donde todo se originó, aunque teniendo bien claro que no volveré a adentrarme en esa habitación. Avanzo a pesar de mis reservas y tras un buen trecho, aquí están, mis respuestas y aquello que conscientemente nunca busqué: ayuda, comprensión y lo que ha merecido la pena por todo, el dique que ha iniciado la reparación de un navío tiempo atrás quebrado por el rayo y rasgado por el peso del miedo, ahora lo veo, del miedo a empezar de nuevo y fracasar. Doy por cierto que habrá más tempestades, que en mayor o menor medida el temor y el reparo serán sempiternos, pero algo se ha aprendido con todo esto: gracias a esas sensaciones el buque navega, la vida continúa, nos superamos y actuamos en consecuencia.

Selene

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