Los primeros serán los últimos

El colegio está agitado, cada uno a su manera. Esta semana se realizan las colonias en una casa de campo lejos de la ciudad, para fomentar el compañerismo y saciar las ansias de aventura del alumnado. Ha llegado el momento de partir y se dan instrucciones para subir a los autocares de forma ordenada. Eloy se encarama a los escalones y empieza el primer reto. Al intentar subirlos, la pierna no le acaba de responder y se agacha sobre las rodillas para ayudarse con las manos y brazos para subir. ¡Lo ha logrado! Casi no se ha fijado nadie, menos mal. Ahora empieza la parte fácil, un viaje de una hora y media hacia la casa de colonias.

Los trayectos en autocar pueden resultar muy aburridos si no tienes con quién hablar. Eloy, por suerte, cuenta con su amigo Juan, un gran apasionado de los automóviles. Con él, no se aburre nunca en un viaje, y menos si hay curvas. Se imaginan como pilotos de rally corriendo a toda velocidad. Aquél que se encuentra en la ventanilla y ve venir la carretera anuncia los giros como si fuese un copiloto, mientras que el otro, asumiendo el papel de piloto, hace girar su volante imaginario y va informando de las alertas de fallos en el panel de instrumentos. Y así se hace corto el viaje.

Al fin, llegan a la casa, una masía del siglo XIV reformada, pintada de blanco, con grandes ventanas de madera. A Eloy le encanta, le recuerda a las casas del pueblo donde veranea. Se dirigen a las habitaciones y empiezan las disputas para elegir las literas de arriba. Sin embargo, Eloy se queda bien a gusto en una de abajo. Coloca el saco de dormir en el colchón y deja lo demás debajo la cama excepto una mochila pequeña que se lleva consigo.

El primero augura ser un mal día para hacer excursionismo, dado que el cielo está totalmente oscurecido y empieza una tormenta de verano. Desayunad muy bien porque hoy toca la excursión más larga, aconsejan las monitoras y monitores. Eloy decide ponerse unos pantalones cortos, que pesan menos mojados, y además se mete unas bolsas por dentro del calzado para mantener los pies secos. También coge el chubasquero de plástico que ha traído. Va a ser toda una aventura, piensa.

Entonces, se sitúa el primero en la fila y avanza lo más rápido que puede, sabiendo que con el tiempo sus compañeros y compañeras lo adelantarán. Y así es. A medida que el cansancio se apodera de él va quedando poco a poco atrás. Afortunadamente, piensa Eloy, el camino es de subida ahora, lo que significa que a la vuelta será de bajada y resultará más fácil. De vez en cuando hacen paradas para beber, él aprovecha para ponerse de nuevo el primero.

En algunos puntos, el agua empieza a descender por el camino, por los surcos generados de forma natural. Eloy aprovecha para caminar con las piernas entreabiertas en forma de “V”, empujando hacia los lados. Con este truco, que le ha enseñado su madre, va ganando algo de distancia con su clase, que tiene dificultades con el terreno resbaladizo.

Con plena satisfacción llegan al destino y por una vez no es el último. Es un descanso llegar a un lugar tan bonito, y ahora toca relajarse con un paseo en barca. Eloy está bastante seco, pero hace frío, tanto, que el agua del pantano se encuentra a más temperatura que sus propias manos. A pesar de todo, la lluvia es para él una amiga que le acaricia la cara y le relaja los músculos tensos. Se siente feliz.

De regreso, Eloy se encuentra con una prueba más: para alcanzar el camino se debe pasar por un desnivel enfangado, sin superficies en las que situar bien los pies. Resbala varias veces pero consigue no caerse, situando sus manos en las rodillas para ayudarse con los brazos y, pacientemente, superar el obstáculo. Este último esfuerzo le ha agotado, los músculos gemelos de las piernas le tiran y arden, pero es lo que le pasa cuando se cansa. Un compañero parece sorprenderse y le dice que tiene los músculos de las piernas como los de un futbolista. Pero Eloy prefiere jugar a otros deportes, para evitar las patadas que le hacen caer fácilmente.

Ahora el camino es de bajada y es mucho más fácil. Eloy casi desciende por inercia, siguiendo a duras penas la fila, quedando irremediablemente el último. Al llegar a la casa, se da una ducha, se cambia de ropa y se estira en la cama. Toca tarde de descanso.

Kili, hijo de Dis

21 thoughts on “Los primeros serán los últimos

  1. Es precioso y muy tierno, nos hace pensar en las personas k tienen esta condicion y k con poco son felices, esta todo muy logrado. ENHORABUENA

  2. Muy bueno, gracias por visibilizar las dificultades. Creo que has conseguido normalizar, sin drama y sin dar pena pero poniéndolo en valor, todo lo que nos pasa a las personas, las dificultades, el trabajo de superarlas y el orgullo de estar allí, con todos. Espero leer mas cosas. ¡Felicidades!

  3. Es un relato que describe de forma tierna y real las dificultades de aquellas personas que con perseverancia y voluntad superan todos los escollos que se les ponen por delante. Lo importante es volver a levantarse cuando uno se cae, ya que la fuerza de voluntad, si es firme no tiene límites. Ojalá todo el mundo tuviera esa fuerza de voluntad y la humildad necesaria para hacer frente a las dificultades.

  4. Un relato que demuestra las dificultades que tienen personas y que se superan para ser iguales. Es muy bonito. Y es de admirar.

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