Un rayo de luz al final de la sala

Oscura. Vacía.
Tan solo un rayo de luz al final de la sala.
Temblor.
Se distingue un suspiro lejano
y de repente, silencio.
Pero no uno cualquiera:
silencio cruel y eterno.

Presión en el pecho.
Dificultad para respirar.
Sudor.
El sonido de las copas de cristal al chocar
se convierte en la melodía que inunda el lugar.
Copas llenas de medicina de farmacia ilegal.
Risas. Sábanas blancas. Miedo.
El olvido.

Cristales rotos bajo mis pies.
Ardor. Lágrimas.
Voces desconocidas.
Una presencia tenue.
Placer.
El deseo de morir.
Y luego, nada.
Niebla. Frío. Tu.

Oscura, vacía y drogada.
Tu suspiro marcándome la piel.
Silencio.
Tu mano recorriendo cada detalle.
Presión.
La fuerza me impide respirar.
Noto como tu sudor cae mientras yo me hundo en él.
Esa copa aún resuena.
Entre el ruido se pierde mi voluntad.

Esa sonrisa que todavía quema.
Miedo.
Quizás el único recuerdo nítido de aquella noche olvidada.
Ardor.
Espero que vieras aquella lágrima acariciándome.
El querer verte sufrir.

Y luego, nada.
Silencio.
Pero no uno cualquiera:
silencio cruel, pero no más eterno.

Marcaste esa noche pero no marcaste mi vida.

Capri

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