El relámpago y el trueno / Renacer / Lo siento

El relámpago y el trueno

Somos como el relámpago y el trueno,
por muy unidos que estemos,
nunca llegaremos a estar juntos.
Y cuando no lo estamos, te atormentas.

Intento cada vez más unirme a ti,
pero tú no quieres y me evitas.
Y no me das otro remedio que seguir,
Aunque para entonces yo quiera parar.

Tú continúas atormentándote,
con pausas y sin prisas.
Y nunca llegas a tu fin,
o eso es lo que dejas ver.

Sin embargo, después de tiempo y alas,
la calma llega sin saber por qué.
Y nos unimos en tonos, en nuestras siete fases,
que nos recuerdan que no siempre estuvimos bien.

Y te nublas como siempre,
con tu orgullo de perdedor,
que no te deja pensar con claridad
por qué siempre fui más rápida que tú.

De vez en cuando sigues sonando,
aunque quizás te esfuerces por evitarlo,
porque no quieres dejarme ver que aún te importo,
pero yo pienso que tenía que durar lo que duró.

Y cuando nos volvamos a ver,
recordemos sin querer,
que tú fuiste mi ruido y yo fui tu luz
cuando ni yo tenía ruido ni tú tenías luz.

Renacer

Otra vez conviviendo con aquel miedo de ayer.
Mil historias pasadas que no me dejan ver,
a través de estos ojos que sueñan sin querer.

Anochecer, mi mente se despierta en otro amanecer.
Cientos de personas que vagan sin deber,
intentando hacerse un hueco en esta vida.

No quieres ver lo que ven otros ojos que sí te ven,
acariciándote a besos toda la piel.
Otro amor fue renunciado a tu querer.

Valdrá la pena decirte que yo sí te esperaré.
No importa el tiempo, importan las ganas de querer.
Y hacerte ver que serás quien quieras ser.

Quiérete, el corazón no se romperá de esperar.
Consigue que tu vida vuelva a recobrar
el sentido que le diste al nacer o al renacer.

Lo siento

Y es que realmente ese “lo siento” me dolió.
No salió de mi boca, salió de mi corazón.
No supe controlarme y al instante fue mi voz,
la que murió quebrada, la que dijo “esta soy yo”.

Lloré hasta sentir la deshidratación.
Solo cuenta el resultado, la satisfacción.
Mis ojos irritados, fruto de desesperación.
De todo lo que callé, hoy por hoy, yo no soy yo.

Tú me miraste, me abrazaste.
Me quisiste comprender.
Yo apagada, yo encerrada.
Cerré la puerta, me puse a correr.

Fuera de mí, no encontraba
ningún sitio al que huir.
Y me escondí, dentro de mí
y esa puerta no la quise volver a abrir.

Wanda

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