Lola

—¿Y dices que la mama hacía una parva en dos horas?
—Sí y con sólo dos mulas, y el trillo, claro.
—Pues ¿cuánto tardaban los hombres?
—Solían tardar el doble o más y llevaban tres mulas, a veces hasta cuatro.
—Vaya, lo mismo que cuando se ponía a segar. Siempre contaba lo del llano del pino, que cada tanto se erguía, miraba hacia delante y le parecía que el pino estaba cada vez más lejos.
—Claro, ella siempre era la más esforzada, los hermanos procuraron irse pronto de allí y ella tuvo que cuidar de los abuelos y de la tita
Angelina.
—Y de nosotras.
—Bueno, pero eso fue más tarde. Cuando se casó con el papá ya no estaban en el cortijo de ese canalla.
—¿El tío Cano?
—Sí, ése, le sacó la sangre a toda la família y después de la guerra los echó del cortijo a patadas y los dejó sin nada. Tuvieron que irse a Fuencaliente y no sé cómo pagaban el alquiler, porque el abuelo ya estaba ciego y no podía trabajar.
—Válgame, qué vida…
—Imagínate, yo nunca la vi reirse hasta bien pasados mis cuarenta.
—Ya, era un acontecimiento verla disfrutar de algo.
—Era una bestia parda y se ha quedado como una criaturita indefensa.
—Está guapa y se ha ido escuchando a Nat King Cole.

araindsky

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *